La primera señal no fue la oscuridad, fue el silencio.
No el silencio de los cementerios ni el de las iglesias, sino ese otro que deja un motor cuando se apaga de golpe: un hueco redondo en el aire, un vacío con bordes, una ausencia que todavía vibra como campana. Lena estaba en la cocina de Ana, medio envuelta en una manta, cuando lo sintió. El zumbido eléctrico del refrigerador se detuvo exactamente a mitad de un ciclo; el reloj del microondas se quedó clavado en 02:58; la luz del pasillo par