Las palabras de Khonsu, pronunciadas con una voz aguda y temblorosa, resonaron en el patio. Algunos guardias y sacerdotes se giraron, alertados por el inusual altercado.
—¡Le diré a los demás que usted estaba revisando los papiros del Faraón sin su consentimiento! —amenazó Khonsu, su voz temblorosa.
Nekhbet, al verse descubierto, palideció. La acusación de Khonsu era grave. Ser descubierto manipulando los papiros que van dirigidos al Faraón sería su fin. La ira se apoderó de él, pero esta vez,