La gema de obsidiana en las manos de Amunhotep comenzó a parpadear. El cántico de Neferet, respaldado por la concentración de Menna, por la pureza de su intención, estaba contrarrestando la energía oscura. Una luz tenue, dorada, comenzó a emanar de los jeroglíficos bajo sus manos, luchando contra la luz morada de la gema.
Amunhotep sintió el contra-conjuro. Sus ojos se abrieron en una expresión de incredulidad y furia.
—¡Imposible! —rugió Amunhotep, su voz se distorsionó.
El ritual, que Amunhot