El sol de Karnak, siempre implacable, se cernía sobre el gran templo, pero dentro de la Cámara de los Textos Silenciosos, la atmósfera era fría y tensa. Neferet se había sumergido en sus papiros, había descubierto que ese “tesoro” que buscaba el Visir era nada más y menos que el “Corazón de Obsidiana”. Ahora tenía que buscar más información.
No solo ella sentía esa urgencia. Nekhbet, el sacerdote oportunista y espía del Visir, había incrementado su vigilancia. Nekhbet se había convertido en una