—¡Basta! —La voz de Hesy resonó, clara y autoritaria, con el peso de su rango. El guardia se giró, sorprendido. Hesy se adelantó, sus pasos firmes y deliberados. Su presencia, la de un oficial de alto rango, era inconfundible. El guardia, un hombre corpulento, se enderezó, aunque su expresión seguía siendo desafiante.
—Capitán Hesy —masculló el guardia, inclinando apenas la cabeza, el respeto a regañadientes evidente en su voz—. ¿Algún problema? Este mocoso está ocultando algo.
—El problema es