El día previo a la boda de Valeria y Elías, la Hacienda Renacer bullía con una energía nerviosa y feliz. Entre cajas de decoración y listas de verificación, Valeria daba instrucciones finales a su asistente en su oficina cuando un golpe suave en la puerta interrumpió la reunión.
Al abrir, se encontró con la inesperada figura de su padre. Esteban, con una elegancia que no podía ocultar cierta rigidez, sostenía una caja de joyería antigua entre sus manos.
—Valeria —dijo, con una voz más suave