La última luz de la velada se apagaba en Finca Diamante. Los invitados se retiraban entre risas y elogios para "Legado", dejando atrás el rumor decadente de la fiesta. Valeria, con el cansancio y la felicidad pintados en su rostro, sostenía la mano de Elías cuando una figura se interpuso en su camino.
Esteban. Con una expresión que Valeria no le había visto en años, una mezcla de orgullo y una vulnerabilidad desarmante.
—Valeria —dijo su voz, más suave de lo habitual—. Estuviste magnífica. —