El sol de la primavera bañaba los viñedos de Hacienda Renacer con una luz dorada que parecía sacada de un sueño. La vendimia estaba en su punto álgido, y el aire olía a tierra húmeda, uva madura y alegría. Era una jornada perfecta, un respiro consciente y preciado en medio de la tensión que todos sentían latir en la distancia.
Valeria, con un sombrero de paja que le protegía el rostro, cortaba racimos junto a Elías. Sus risas se mezclaban con el rumor de las hojas y el canto de los pájaros. Él