El sol de la mañana se colaba por las ventanas de la Hacienda Renacer, iluminando un desayuno que era mucho más que una comida. Era un ritual, la prueba tangible de la paz que Elías y Valeria construían a diario.
—Si le pones más azúcar a ese café, Tano, vas a endulzar hasta las uvas —bromeó Elías desde la estufa, donde preparaba unas tostadas.
Don Antonio "El Tano" Rossi gruñó, pero con un brillo de complicidad en sus ojos veteranos.
—A mi edad,muchacho, uno se merece los dulces que le pla