Necesitaba un momento. Se encerró en el despacho de su padre. El aire aún olía a su colonia, a whisky y a poder. Una presencia fantasmal que la abrumó. Abrió la caja fuerte con manos temblorosas, buscando algún documento, un protocolo, cualquier instrucción para esta situación. No había nada. Solo el silencio de un hombre que nunca creyó que su final pudiera ser tan abrupto y violento.
—Valeria —la voz de Armando llegó desde la puerta, suave pero firme—. Es hora. Debemos ir a la morgue.
Ell