El coche de Leo apenas se detuvo frente a Hacienda Renacer cuando Clara abrió la puerta y salió corriendo, sin importarle la elegancia, con el corazón estrujado por la noticia que había recibido. Cruzó el umbral como un vendaval, su mirada buscando desesperadamente un rostro familiar en la penumbra del salón.
Allí estaba, esperándola como un roble fiel, Don Armando, "El Tano". Sin mediar palabra, Clara se lanzó a sus brazos, abrazándolo con la fuerza de quien se aferra a un salvavidas.
—No pu