Cada paso de Valeria por los pasillos del hospital resonaba como un latido de angustia. Su mente, nublada por el dolor, intentaba aferrarse a la logística, a lo práctico, para no desmoronarse por completo.
—Leo —dijo, su voz un eco quebrado—, llama a Clara. No, mejor… envía a alguien a buscarla. Ahora. Antes de que vea las noticias y… —la imagen de Clara enterándose por un titular sensacionalista le partió el corazón.
—Iré yo mismo, señora —respondió Leo con firmeza, comprendiendo la urge