Clara se había quedado en la habitación de Gabriel, un faro de calma en la tormenta que envolvía a la familia. Mientras Valeria estaba con Elías, ella tomó su lugar junto a Gabriel, llevando consigo un tupper con comida casera para Mauricio, quien parecía haberse olvidado de lo que era una comida caliente.
—Tienes que comer, Mauricio —le dijo con suavidad, dejando el recipiente en sus manos—. De nada sirve que te desmayes también.
Mauricio asintió, agradecido, y comenzó a comer mecánicamen