Un dolor sordo en la cabeza y un cólico persistente en el vientre fueron las primeras sensaciones que invadieron a Valeria al despertar. Un quejido leve escapó de sus labios al abrir los ojos, desorientada por la luz suave de la habitación.
—Ya despertaste, mi niña —susurró una voz familiar y llena de alivio.
Valeria giró la cabeza y vio a Clara, quien le apretaba la mano con fuerza, una sonrisa temblorosa en su rostro.
—¿Qué… qué me pasó? —preguntó, su voz ronca por el sueño y la sed.