Mauricio irrumpió en la sala de espera del hospital con el rostro desencajado, el aliento entrecortado por la carrera y la angustia. Sus ojos, llenos de un miedo renovado, buscaron a Clara.
—¿Dónde está Valeria? ¿Qué pasó? —preguntó, acercándose a Clara, quien estaba pálida y temblorosa en los brazos de Armando.
—Está en una habitación, en reposo… sedada —respondió Clara, su voz quebrada por el llanto contenido.
—¿Sedada? ¿Por qué? ¿Qué le paso? —La mente de Mauricio, ya enloquecida por