Punto de vista de Catalina
Nunca había salido de Buenos Aires en todo el año desde que me mudé a Argentina.
Y, sin embargo, allí estaba yo, en un jet privado, volando a Buenos Aires. Jamás pensé que algo así pudiera pasarme.
Quiero decir… ¿quién vuela en un jet privado? Desde luego, yo no.
La forma en que el personal del avión me trataba me hacía sentir como una reina o algo parecido. Eran increíblemente amables, siempre preguntando si necesitaba algo.
Todo era tan lujoso. Por un momento, me permití sentirme especial. Si los deseos fueran caballos, ¿verdad?
Si las cosas fueran distintas, si Adrián y yo pudiéramos ser abiertos con nuestra relación, quizá esta podría ser mi vida de verdad.
Pero sabía que eso no era posible ahora mismo.
Miré a Carlota. Sonreía de oreja a oreja, sacándole fotos a absolutamente todo.
Se veía tan feliz, tan fascinada. La emoción en sus ojos me llenó el corazón de alegría.
Este viaje ya valía la pena solo por verla sonreír así.
Me recosté en el asiento, inte