Punto de vista de Catalina.
Llegamos al lugar del evento y no pude evitar maravillarme ante la grandiosa entrada.
Las altas columnas estaban envueltas en luces brillantes y la alfombra roja se extendía como si fuera parte de una película.
La gente ya se había reunido, vestida con sus mejores galas, con música suave de fondo. Tan pronto como entramos, todas las cabezas se giraron.
Un hombre vestido con esmoquin se acercó a nosotros con una amplia sonrisa. «¡Sr. Adrián! ¡Bienvenido!». L