Ella no Está.
El reloj marcaba las diez, ninguna respuesta.
Alexander miraba el teléfono como si con solo desearlo pudiera hacerla aparecer. Cada tono rechazado le taladraba el pecho, cada silencio era una confirmación de lo que más temía: que Valentina estaba huyendo de él.
Apoyó las manos sobre el escritorio y cerró los ojos. Todo lo que solía darle control, los informes, las reuniones, el orden impecable de su vida, ahora solo lo asfixiaba. Porque ella no estaba.
La había visto apenas unas horas antes, co