Días de Tregua.
El reloj marcaba las diez cuando Elena, su hermana mayor, doctora y reina autoproclamada del sarcasmo, entró al departamento con un estetoscopio colgando del cuello y una bolsa de panecillos bajo el brazo.
—Dios mío, Valentina, pareces el tráiler de una película de desastres naturales —soltó, dejando la bolsa sobre la mesa—. ¿Te atropelló un tren o el amor otra vez?
Valentina bufó desde el sofá, arropada con una manta y un nudo en la garganta.
—Gracias por la sutileza, doctora.
Elena alzó una c