―Rachel ―gimo al escuchar aquella voz―. Rachel, despierta ―abro mis ojos, pero tan pronto como lo hago el sol achicharra mis retinas. Elevo la mano hasta mi cara y me protejo de sol. Estoy confusa y aturdida―. ¿Cómo te sientes?
¿Victoria? Descubro mis ojos y los entrecierro para enfocar la mirada. Mi boca se siente seca y mis labios agrietados.
―Tengo sed ―le digo con la voz rasposa. Una vez que mi visión se adapta a la claridad, mis ojos se nublan con las lágrimas. Me incorporo sobre la cama