**Jasper**
Volví a Nueva York con el bolsillo lleno y el corazón blindado. El mismo día que me avisaron que el viejo se había muerto, el chef del restaurante me botó como a un perro: “No apareciste al turno, estás fuera”. Me reí en su cara. “Me vale verga, no necesito tu mierda de sueldo”. Salí con la cabeza alta y la cuenta bancaria rebosando. Ahora conduzco una Jeepeta negra que ruge por el Bronx, gafas oscuras aunque sea de noche, y el mundo parece mío.
Esa primera noche llegué al apartame