**Elena**
La tensión era espesa como el humo de cigarro en un colmado cerrado. Después de la playa y ese mensaje de mierda, volvimos al apartamento sin decir ni esta boca es mía. La tarde se hizo noche, Jasper cocinó algo ligero (pollo al horno con arroz), abrió otra botella de vino tinto. Los dos sabíamos que estábamos bailando en el filo del cuchillo y nos gustaba el riesgo.
Sentados en el sofá, las piernas enredadas, la copa en la mano, lo miré directo a los ojos.
—Jasper… no quiero tener una relación, ¿me entiendes?
Él arqueó la ceja, con esa media sonrisa que me pone loca.
—¿Ah, no? Porque anoche tu cuerpo me decía otra vaina, pelirroja. Me pedías más y más.
—No quiero enamorarme. Y menos de ti, cabrón.
Se tensó, pero no se ofendió. Me miró fijo, serio.
—Tranquila, Lena. Yo tampoco estoy pa’ cursilerías ni pa’ “te amo” a las tres semanas. Si quieres solo sexo, eso tendremos. Rico, duro, cuando nos dé la gana.
—Que la gente crea que somos solo amigos —le dije, acercándome más.
—