**Elena**
El sol de Punta Cana pegaba como un hijo de puta, pero rico. Bajé a la playa con el bikini esmeralda que me queda como pintado, la bata blanca abierta, el pelo naranja suelto y las gafas oscuras. Jasper ya estaba ahí, en traje de baño negro, el cuerpo marcado, los tatuajes brillando con el sol.
— ¿Lista pa’ la aventura acuática? —me dijo levantando la ceja, con esa sonrisa que me revuelve todo.
—Siempre lo he estado —le contesté, quitándome la bata y sintiendo su mirada quemándome la piel.
Subimos a la moto acuática. Me agarré a su cintura duro, mis tetas pegadas a su espalda, y él arrancó. El viento nos azotaba la cara, el agua nos salpicaba, gritábamos como locos cada vez que saltábamos una ola. Por un rato no éramos dos personas jodidas: éramos velocidad, mar y ganas de vivir.
Pero vino una ola cabrona, más alta que las otras. El mundo se volteó. Salí disparada.
El agua me tragó. Pataleaba, todo azul y borroso, el pánico subiéndome por la garganta.
**Jasper**
Vi cómo