Narra: Alexander
El silencio que se apoderó de la sala de juntas presidencial del Banco de Inglaterra era un balance de pérdidas absoluto, un vacío neumático donde el siseo del climatizador sastre parecía cortar el mármol de Carrara con la regularidad técnica de una ejecución en la sombra. En las pantallas centrales, los documentos de filiación timbrados por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Milán parpadeaban en un tono rojo fluorescente, proyectando líneas gélidas sobre el rostro de Am