Narra: Alexander
El silencio en la suite presidencial de Phoenix Capital era una presencia física, pesada y electrizante tras la caída de Rebeca Jones. Londres se extendía bajo nuestros pies como un mapa de rutas financieras que ahora, por primera vez en años, respondían a un pulso unificado: el de mi esposa. Me serví una copa de coñac con una parsimonia letal, observando a Amelia mientras ella revisaba los últimos registros de la transferencia de activos; su traje sastre blanco parecía brillar