Narra: Amelia
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El eco del impacto de las monumentales puertas de caoba y bronce al abrirse de par en par resonó en la sala de juntas presidencial del Banco de Inglaterra con la contundencia de un acta de quiebra técnica irreversible. El aire en el sanctasanctórum del imperio financiero británico, climatizado a una temperatura sastre perfecta, se congeló al instante bajo el peso de nuestra entrada clandestina. Las alarmas perimetrales del vestíbulo seguían emitiendo un zumbido sordo, su