Antes de que Johnny pudiera insistir, Brenda ya estaba bajando al primer piso de la mansión.
Cada escalón parecía más frío que el anterior, y ese escalofrío —el mismo que había sentido antes, ese que se le metía bajo la piel como un insecto persistente— volvió a apoderarse de su cuerpo.
Deseaba evitarlo.
Con todas sus fuerzas.
Como quien desea evitar un accidente ya inevitable.
Pero lo que realmente la paralizaba era la mirada de Johnny: una mirada hambrienta, devoradora, de esas que no buscan