48- La Rendención del Deseo.
El ambiente en la casa de campo de Sofía y Alejandro era el polo opuesto a la tensión eléctrica que se respiraba en el penthouse de su casa. Mientras Gabriel y Sarah cruzaban el umbral, el sonido de risas y juegos infantiles los recibió, recordándoles que la vida seguía su curso, ajena a la testarudez de Marina por no nacer.
Sarah caminaba con dificultad, sus 41 semanas y media se sentían como una armadura de plomo. Habían intentado todo. Caminatas interminables por el retiro, comida picante, infusiones de canela y, por supuesto, la intimidad que pasó de ser un ritual romántico a un despliegue de fuerza y deseo rudo. Pero nada. Marina parecía haber decidido que el mundo exterior no era tan interesante como el vientre de su madre.
—¡Tía Sarah! ¡Tío Gabriel! —gritó un pequeño torbellino castaño.
Era Alistair, el hijo de Sofía y Alejandro. Con solo tres años, dos menos que Gael, el pequeño tenía la energía de un huracán. Corrió hacia ellos, pero se detuvo en seco al ver la magnitud del v