Residência dos Hamilton
El coche de lujo se deslizó por la avenida empedrada hasta detenerse frente a una imponente mansión de estilo clásico, marcada por severas columnas y altas ventanas que reflejaban la luz del atardecer. El hombre que bajó del vehículo tenía una expresión dura y calculada en el rostro, pero por dentro se esbozaba una sonrisa irónica.
Sebastian Hamilton aún rumiaba el recuerdo de la reunión con John Walker. Había oído historias sobre él, un negociador al que nadie podía engañar, y ahora podía confirmar cada una de ellas. Había intentado, con habilidad y disimulo, introducir trampas en el contrato, pequeñas lagunas que pudieran desestabilizar al Grupo Walker. Pero John, con frialdad y perspicacia, no solo deshizo cada una de ellas, sino que también volvió la situación a su favor. Al final, fue Sebastián quien aceptó los términos y, además, propuso futuros contactos.
Entró en la mansión, en el salón principal, Pamela estaba recostada en el sofá, hojeando distraídame