John
John Walker siempre había confiado en sus instintos. Estos le habían guiado en negociaciones arriesgadas, en decisiones empresariales que cambiaron su destino e incluso en momentos decisivos de su vida personal. Y ahora, más que nunca, ese presentimiento sobre Lily no le dejaba tranquilo.
Sin embargo, no podía simplemente decirlo en voz alta. Elizabeth, dulce y confiada, vería en su desconfianza solo una exageración. Los niños, por su parte, ya se habían encariñado demasiado con la joven. Un paso en falso podría perturbar la armonía del hogar.
Por eso, John recurrió a quien sabía que nunca lo decepcionaría: Carlson, su jefe de inteligencia de seguridad privada.
Lo llamó a su oficina.
—¿Me ha llamado, señor Walker? —dijo con postura rígida.
John se levantó del sillón y se acercó a la ventana, con las manos entrelazadas a la espalda.
—Carlson, confío mucho en su trabajo. Necesito que investigue más a fondo a alguien dentro de mi casa... y que lo haga en absoluto silencio.
El guardi