Hoy, Luciano había llegado más tarde de lo habitual, pues se estaba preparando para cerrar algunos temas antes de su viaje a Italia, así que el trabajo debía adelantarse lo más posible.
- Oye, mi niña… ¿Cómo vas con tu tratamiento? ¿Te duele? ¿Cómo te sientes? -preguntó el hombre, ya sabiendo que el tratamiento iba muy bien.
- Bien, solo que en ocasiones sí me duele un poquito, pero todo está bien, ¡soy una niña fuerte! -dijo Almendra mientras veía cómo su padre la arropaba.
- ¡Y valiente! -dijo el hombre acariciando la suave mejilla de su hija.
Amelia estaba por entrar a la habitación de Almendra, pero al escuchar que Luciano estaba platicando con ella, simplemente se quedó ahí parada, escuchando cómo aquel hombre definitivamente adoraba a su hija.
Aquellas pláticas que en más de una ocasión las escuchaba en silencio, dejándole en claro por qué Luciano había hecho lo que había hecho.
Tras varios minutos, Amelia estaba sumida en varios recuerdos del pasado, y no se dio cuenta de en qu