Hoy, Luciano había llegado más tarde de lo habitual, pues se estaba preparando para cerrar algunos temas antes de su viaje a Italia, así que el trabajo debía adelantarse lo más posible.
- Oye, mi niña… ¿Cómo vas con tu tratamiento? ¿Te duele? ¿Cómo te sientes? -preguntó el hombre, ya sabiendo que el tratamiento iba muy bien.
- Bien, solo que en ocasiones sí me duele un poquito, pero todo está bien, ¡soy una niña fuerte! -dijo Almendra mientras veía cómo su padre la arropaba.
- ¡Y valiente! -dijo