Amelia, Teresa y Almendra quedaron sorprendidas al ver cómo acababa de llegar una camioneta de una florería, cargada de varios ramos con las flores favoritas de Amelia.
Almendra, al ver cómo descargan cada ramo, daba brinquitos de alegría, pues suponía que su padre era quien había enviado esto; nadie más podría ser que su papá.
- Señora D’Angelo? -preguntó el repartidor.
- Sí, sí, soy yo… -dijo Amelia aún con sorpresa.
- Firme aquí…
Amelia firmó y, luego de ver cómo el hombre se marchaba, pudo a