Moretti había acompañado a Ángela a la casa de cuna donde estaban los que serían todos los hijos que pensaba adoptar. Concebir la idea aún le costaba, aunque sabía que por esa mujer era capaz de ir al infierno y volver solo por hacerla feliz, así que ponía todo de su parte para adaptarse a su nueva realidad.
—¡Hola, mis amores! —dijo Ángela tan pronto vio a varios niños de 5 y 6 años. —¡Miren quién vino!
—¡Papá! ¡Papá! —decían los niños con entusiasmo.
—¡Exacto! Papá había estado ocupado, pero