Rápidamente, ya había pasado medio año desde que Luciano D’Angelo había fallecido y, aun con ello, no dejaba de aparecer en los titulares.
Las familias D’Angelo, Pellegrini, Moretti e incluso Barzinni se mantenían en completo silencio, todo bajo la seria indicación de Moretti.
Aquel hombre, en silencio, trabajaba para limpiar el nombre de aquel joven que para todo el mundo ya estaba muerto, por lo que no quería que algún comentario inapropiado viniera a complicar todo lo que ya había avanzado.