Luciano solo vio como Amelia se iba hacía su habitación, el hombre se quedó ahí parado, sentía un tremendo dolor en su miembro erecto, esto definitivamente no podía quedarse así.
El hombre tenía dos opciones: bien podría ir a su habitación y masturbarse con la imagen de la mujer que estaba a unas cuantas habitaciones de la de él, tal como lo había hecho ya en varias ocasiones o bien, podría ir a esa habitación y terminar lo que había comenzado.
Mil veces maldijo a Theodore Vanetto por haber interrumpido aquella emocionante situación.
Luego de pensarlo por breves segundos, opto por la opción que le pareció más conveniente, al estar frente a la puerta, dudo, pues cualquiera de las dos, le llevaba a pensar que la otra opción era mejor.
Por otra parte, cuando Amelia llegó a su habitación, sintió una tremenda incomodidad en su centro, no podía parar de recordar cómo se sentía al tener la mano de su “esposo” ahí, aquello la hizo recostarse en la cama, cerrar los ojos y deslizar su mano hacía