Amelia despertó alterada, creía que había estado gritando, pero para su sorpresa, todo había sido un sueño.
La mujer se encontraba bañada en sudor y lágrimas, por un momento, se llevó tremenda sorpresa al sentir unas manitas cerca de ella. Aquello la confunde, pues bien a bien, no recuerda dónde está, aquella pesadilla recurrente la hizo olvidar todo lo demás, pues aquello no era una pesadilla, era un recuerdo de lo que realmente ocurrió y jamás ha podido olvidar.
Luego de llorar en silencio por unos minutos, se incorporó y miró a la niña que dormía plácidamente cerca de ella, miró su cabello negro, miró su rostro apacible y no pudo evitar sentir que el mundo se le venía encima al recordar que por su culpa, por impulsiva, por sus arranques, ahora no tenía a su hija.
Al ver a la niña que dormía a su lado, no pudo evitar volver a llorar por un buen rato. Hoy día, solo podría conformarse con cuidar de ella, de su niña favorita, porque sí, no lo decía abiertamente, pero Almendra era su niñ