A la mañana siguiente, tras finiquitar la cuenta y hacer los arreglos pertinentes para el tratamiento, Luciano, Almendra y Amelia, salieron del hospital con destino a casa.
Al llegar, fueron recibidos por Tere, quien ya les tenía preparado el almuerzo y lucía muy alegre.
- Tere, ¿puedes mostrarle a Amelia su habitación? -dijo Luciano cargando a su hija, la cual se encontraba completamente dormida.
- Sí, señor… -dijo Teresa con amabilidad. – Miss Torres, acompáñeme, sé que le gustará la habitación, tiene muy buena iluminación y, además, excelente vista. La puse a un lado de la habitación de la niña Almendra para que puedan estar cerca.
Amelia miraba todo y no podía evitar traer a su mente recuerdos de su antigua vida y de lo que un día fue su hogar. El sabor amargo de un recuerdo le llegó, pero hizo caso omiso a este porque no quería opacar el día con algo del pasado.
Al llegar a la que sería su habitación, la joven mujer se quedó sin palabras, aquella habitación era casi del tamaño de