A la mañana siguiente, tras finiquitar la cuenta y hacer los arreglos pertinentes para el tratamiento, Luciano, Almendra y Amelia, salieron del hospital con destino a casa.
Al llegar, fueron recibidos por Tere, quien ya les tenía preparado el almuerzo y lucía muy alegre.
- Tere, ¿puedes mostrarle a Amelia su habitación? -dijo Luciano cargando a su hija, la cual se encontraba completamente dormida.
- Sí, señor… -dijo Teresa con amabilidad. – Miss Torres, acompáñeme, sé que le gustará la habitació