- ¿Tu familia ya sabe cómo va a trabajar con el nuevo dueño del grupo Salinas? -preguntó Carlos, el mejor amigo de Edgar.
- No, aún no… -dijo Edgar recargando su espalda hacia el sofá mientras sostenía un trago en mano.
- ¿Tu como estas?
- Hecho una m****a, ¿acaso no se ve?
- Edgar, sabías que esto iba a suceder, no fue para nadie un misterio. La compañía está en crisis y, si aún quieren conservar el buen nombre y apellido de su familia, solo así podría suceder.
Edgar no lo decía, pero lo que sucediera con la empresa familiar, le venía valiendo m****a, él tenía negocios propios y una entrada de dinero estable, así que ese era el menor de sus males.
Lo que realmente lo tenía así, era el haber visto a Luciano D’Angelo con Amelia, puesto que era claro que ella, sí vivía en aquel lugar, pero llevaba dos días sin llegar, lo que le hacía perderse en imágenes en las que no quería pensar, pero que su cabeza no paraba de gritar.
- ¿En dónde demonios tienes la cabeza? -preguntó Carlos al darse c