Luciano en compañía de Tadeo iba conduciendo su auto a toda velocidad, el asistente creía que en cualquier momento se estrellarían en el camino.
El pobre Tadeo se arrepentía enormemente de haber perturbado la tranquilidad de su jefe la mañana de ayer. Se arrepentía de haber insistido en ir y no dejar solo a su jefe, pues estaba completamente seguro de que, si no lo hacía, su jefe podría cortarle la cabeza a su hermano en ese preciso momento.
- Dime una cosa Tadeo, ¿El móvil sigue mostrando la