Luciano en compañía de Tadeo iba conduciendo su auto a toda velocidad, el asistente creía que en cualquier momento se estrellarían en el camino.
El pobre Tadeo se arrepentía enormemente de haber perturbado la tranquilidad de su jefe la mañana de ayer. Se arrepentía de haber insistido en ir y no dejar solo a su jefe, pues estaba completamente seguro de que, si no lo hacía, su jefe podría cortarle la cabeza a su hermano en ese preciso momento.
- Dime una cosa Tadeo, ¿El móvil sigue mostrando la misma ubicación? -preguntó Luciano sin apartar la vista del camino.
- Sssí, señor D’Angelo, sí, el GPS sigue mostrando que ahí está el móvil del señor.
Luciano no lo decía, pero se le hacia muy extraño que Paolo estuviera en un pueblo casi fantasma, ¿Cómo podría ser? Por lo poco que sabía su hermano, ese no era un lugar que él soliera frecuentar.
- Más le vale al idiota de mi hermano que tenga una muy buena explicación por la cantidad de dinero que gasto de mis cuentas.
- Señor, ¿Por qué no