El calor de la habitación del hotel acogía a Alexander cuando encendió el teléfono desechable en la habitación continua, lejos de los oídos curiosos de Daniela. Marcó un número que no había usado en años, pero que su memoria nunca había borrado.
—¿Alyosha? —la voz al otro lado sonó como un fantasma del pasado, suave pero cargada de ironía— Ya sabía que ese número aparecería algún día.
—Necesito tu ayuda, Asrova —dijo Alexander en ruso, manteniendo la voz baja.
Un silencio. Luego una ri