El aire olía a salitre y gasolina quemada. Alexander ajustó los auriculares con dedos que ya no temblaban, aunque cada músculo de su cuerpo estaba en tensión. El Caribeño se mecía suavemente, pero él notaba el peso de la Glock 19 oculta bajo su chaqueta ligera. Johansen fumaba cerca de los contenedores, la ceniza del cigarrillo cayendo sobre la cubierta pulida.
—Tres minutos —la voz de Larsen sonó nítida en el canal cifrado—. Recuerda: necesitamos a los compradores con las manos en las piezas