El teléfono de Alexander vibró sobre la mesa de mármol del cuarto del hotel, el sonido resonando a la distancia contra las frías paredes mientras la cuchilla de afeitar recorría su mandíbula.
Daniela pasó por casualidad frente al escritorio, y su mirada se posó instintivamente en la pantalla iluminada donde brillaba un simple mensaje de "A": "Todo listo para mañana, mi amor. Como en los viejos tiempos".
El corazón le dio un vuelco.
—¿Quién es "A"? —entró de golpe en el baño, sosteniendo el