El Círculo Ruso de La Habana conservaba su grandeza soviética en cada detalle: altos techos con molduras doradas, paredes de mármol vetado y un enorme mosaico de Lenin que dominaba el vestíbulo principal. Alexander firmaba documentos ante la administradora, una mujer de rostro severo y pelo teñido de negro azulado, mientras Daniela observaba discretamente al niño sentado en un banco de madera tallada.
Pitri, de doce años, era un retrato vivo de Alexander a esa edad: el mismo pelo rubio ceniza