El sol del Caribe quemaba como metal al rojo vivo cuando Alexander avistó el reflejo del yate entre los cayos al norte de Nassau. Desde el helicóptero de Europol, la embarcación parecía una mancha blanca sobre el azul turquesa, escondida en un laberinto de manglares y bancos de arena.
—Allí —señaló Alexander, ajustando los auriculares—. Escondido como la rata que es.
Larsen asintió, dando órdenes en inglés a los equipos tácticos. Tres lanchas rápidas descendieron al agua mientras el helicóp