La ciudad de Zúrich despertaba bajo un cielo grisáceo, cruzado por hilos de luz que se colaban entre las nubes como un consuelo discreto. Isabella estaba en el hospital desde antes del amanecer. No había dormido mucho, pero esa noche no importaba el cansancio: algo dentro de ella le decía que hoy sería diferente.
—Ya está despierto —anunció el doctor apenas la vio entrar al pasillo.
Isabella lo miró incrédula.
—¿Mi papá?
—Despierto y respondiendo a estímulos. Lo mantenemos bajo observación, per