Isabella despertaba de su inconveniencia, aturdida, con el cuerpo adolorido y conectado a una red de cables que pulsaban al ritmo de las máquinas a las que estaba conectada. El frío metálico del lugar y la sensación de inmovilidad le confirmaban que no era un sueño. Estaba atrapada.
Miró a su alrededor con dificultad. Su cuerpo estaba amarrado a una camilla quirúrgica, y las pantallas alrededor mostraban gráficos cerebrales, análisis en tiempo real… y un nombre: Delphi.
El mismo sistema que cre