—¡Papá, mira! ¡El robot está bailando!
Alex dejó el maletín en el suelo, sin siquiera quitarse el saco, y corrió hasta la sala donde su hijo de cuatro años y medio lo esperaba, con las mejillas sonrojadas y el cabello despeinado por horas de juego.
—¿Lo programaste tú? —preguntó Alex, divertido.
—Sí. Mamá me enseñó los comandos de voz y Parker me ayudó con el algoritmo del movimiento.
—¿Parker vino hoy?
—¡En videollamada! Pero me dijo que cuando sea grande puedo trabajar con él.
—Tendremos que