El motor del avión vibraba con suavidad, como si respetara el silencio que reinaba dentro de la cabina. Isabella se acurrucaba en el asiento de cuero junto a la ventana, envuelta en una manta, con los ojos medio cerrados. A su lado, Alex la observaba. Como si, en cualquier momento, pudiera desvanecerse de nuevo.
—¿Quieres algo más caliente? —preguntó él en voz baja.
—No. Solo… esto está bien.
Él no insistió. Le acarició la mano con los dedos, en un gesto casi involuntario.
—Pensé que no iba a v