Iris
No he salido de la sala de descanso durante cuarenta minutos.
No uno menos.
Suficiente tiempo para que mis ojos se sequen y mis pensamientos tomen forma. No los correctos. No los justos. Pero los únicos que me permiten mantenerme erguida. Me he vuelto a poner lápiz labial, alisado mi cabello, ajustado mi blusa. Me he vuelto a colocar la máscara. La que miente mejor que yo.
Cuando regreso a mi puesto, un sobre negro me espera sobre el teclado. No un correo. No un mensaje. Una carta