Raphael
El silencio después de su partida es insoportable.
He permanecido tumbado un largo rato, con la mirada fija en el techo, como si cada grieta pudiera responderme, como si el rastro de su piel en mis sábanas pudiera explicarme lo que acaba de pasar.
Iris.
Su nombre golpea en mi cabeza como una hoja caliente.
Su perfume aún flota, suspendido en el aire, pegado a mis paredes, a mis sábanas, a mi piel. Frágil. Casi doloroso.
Como un adiós que no se atrevió a pronunciar.
Me enderezo lentament